No dejo de buscarte desde hace días. No puedo no hacerlo. Varias veces tecleo las posibilidades que se me ocurren y hago la búsqueda en internet. Accidente en autopista, la fecha, recién llegados, perreras de la zona.

Quedarse ahí era una locura. A pesar de las respiraciones profundas que me obligué a hacer antes de ponerme el chaleco reflectante y salir del coche, a pesar de decirme “cabeza fría”, temblaba. Podía oler el peligro, lo sentía pegado a mí, peligro de muerte para cualquiera que pasara o se encontrara en ese tramo, un conductor, tú o yo.

La primera imagen que tengo de ti es una mancha blanca trotando. Tus orejitas al viento. Ibas en la misma dirección que los coches, a un lado, persiguiendo seguramente a la crueldad personificada que te había dejado allí tirado, al borde del atropello, con las costillas marcadas.

Unos metros más adelante pudimos parar el coche. Esperamos, mirando hacia atrás, por si había señal tuya. Pasó un camión muy cerca y el coche se movió. Y tú ahí te acercabas sin saberlo, me alegré de ver que te habías apartado del asfalto, y caminabas haciendo eses por el lateral terroso.

Me viste y corriste hacia mí con una expresión que transmitía esperanza y desesperación al mismo tiempo. Te hablé dulcemente y te acercaste con recelo, me lamiste la mano izquierda. Abrí la puerta del coche para intentar cogerte y entrar contigo, pero aullaste y sentí el dolor que llevabas dentro. Te asustaste y lloraste como el niño en shock que eras. Yo temblé más aún al verte correr atravesando los tres carriles de autopista. Se me va, pensé. Di gracias a que no pasaba ningún coche ni camión en ese momento. Pero si seguías así no ibas a durar mucho. Cruzar era una locura.

Volví al coche y avanzamos hacia una zona segura para parar y llamar a emergencias. “Deacuerdo damos el aviso”, dijeron. ¿Y eso qué significaba? ¿Qué iban a hacer contigo, si es que te encontraban, si es que te podían coger? Nos convencimos de que poco podíamos hacer ya. Que por lo menos no habíamos oído ningún frenazo. Que no había habido ningún accidente en todo ese rato. Que no te habían atropellado. Alguien te encontraría. Nosotros no podíamos cruzar. Teníamos que seguir. Pero yo me iba con un nudo de nudos y una impotencia tremenda. Cálmate, me decía mientras temblaba, no puedes salvar a todos los animales que te encuentres. Almendro… había almendros en la zona donde te vimos.

c: Kajetan Sumila

Actualizo la página de una de las perreras donde te estoy buscando para quedarme tranquila. Quiero saber que alguien te cogió, que alguien te llevó allí, que no te atropellaron, que no te pasó nada más malo que ser abandonada por tu propia familia sin entender por qué.

Y no me lo puedo creer. Aún no he terminado de escribir esto cuando ahí estás. Un recuadro de fotografía mal tomada, con un fondo amarillento al lado de un cristal. Con cara de miedo y confusión, tus ojos preciosos y brillantes, tu pelo blanco y marrón y tus orejitas trianguladas. Te han etiquetado como “mestiza” y te describen remarcando que solo pesas ocho quilos y poco. Hay otro perro parecido a ti, que pesa doce.

Muerta de hambre y abandonada, pero estás viva y lejos de la carretera. La emoción me sacude y no puedo dejar de llorar.

Almendra. Quiero adoptarte. Ojalá pudiera adoptaros a todos.

Durante casi una semana he revisado páginas de protectoras, perreras, centros de acogida… y me he topado virtualmente con noticias que hablan del enorme y gravísimo problema que tenemos en este país con los abandonos de perros y gatos — 306.000 perros y gatos fueron abandonados en España en 2019* —, por no hablar del trato que le damos a los animales en general.

¿Qué tiene un ser humano en su corazón, en su mente, para abandonar a alguien así?

Siento infinita pena y rabia.

¿Alguna vez te ha pasado algo parecido? ¿Has encontrado un animal por la carretera abandonado? Nosotras estuvimos pensando qué hacer si nos vuelve a pasar algo así. Hemos decidido llevar siempre comida (aunque sea pan), un collar, una cuerda o correa y una manta o toalla. Quizá no podamos evitar que haya gente sin corazón, pero sí algún atropello.

*https://www.fundacion-affinity.org/observatorio/infografia-el-nunca-lo-haria-estudio-de-abandono-y-adopcion-2020

Emocionada de la Vida. Mis gafas tienen filtros arcoiris. Cómplice por un mundo más compasivo, ético y sostenible.

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